Estimados todas/os/es
Aquellos de ustedes que crean que otra vez voy a pedir la dimisión del teutón no se preocupen. Eso lo hago una vez por temporada, y ya la pedí este año. Con la entrada de hoy querría llenar ese hueco que existe entre el piloto campeón a la altura de Senna-Prost como máximo, si no claramente peor en números, con su supremacía en todas las listas de la F1.
Una de las razones para comprender esta posición, que ya expuse anteriormente, radica en su fidelidad al equipo de ingenieros de Toleman (Bryne, Brawn, etc.), con el que se trasladó a Ferrari y ahora está en Mercedes, con la salvedad de Bryne y que muestra la importancia capital de este ingeniero en todos los logros del teutón. Esta fidelidad le permitió disfrutar, en primer lugar, de uno de los genios de la creación en la F1, como fue el ingeniero sudafricano. Además, de maximizar las sinergias entre piloto e ingenieros, ya que siempre ha tenido a los mismos. Si lo comparamos con los grandes de la F1 como Fangio, Clark, Stewart, Lauda, Senna, Prost, incluso Alonso, que han cambiado habitualmente de escuderías, de ingenieros, y de enfoque cultural de la competición, el piloto alemán ha permanecido en la infancia emocional y de talento, ya que nunca se enfrentó a nuevos conceptos y formas de pensar, aunque, eso sí, los asimilados los llevo al máximo al estar siempre rodeado de sus padres-protectores de carreras.
Pero lo anteriormente escrito no creo que sea suficiente para pasar de un piloto tricampeón (lo que yo le vi siempre) a uno heptacampeón, como mucho le habría dado uno o dos campeonatos más ¿De dónde sacó entonces los tres campeonatos extra que ha conseguido? Siempre desde mi punto de vista, la respuesta es Ecclestone. Sí, he mencionado a Mr. E, el hacedor supremo en la F1. E intentaré orientarles en esta idea.
A principios de los setenta, el Sr. Ecclestone se hizo con el control de la escudería Brabham, pero su interés no era la competición automovilística sino la económica. Al poco tiempo creo la asociación FOCA, con la mayoría de escuderías inglesas, con la excusa de proteger sus intereses frente al cacique de aquel turno, Monsieur Balestre. Uno de los momentos calientes se produjo en 1982, cuando gracias a Don Enzo Ferrari, ambos caciques firmaron un pacto (de concordia) por que el que el francés perdía parte del control económico a favor del inglés. Otro momento caliente de la guerra fue en 1989-90 cuando Balestre, que había adoptado a Prost como hijo predilecto, intentó expulsar, a los cien metros lisos a Senna. Este nuevo roce fue el último, ya que las huestes de Mr. Ecclestone, en la persona de Max Mosley, le quitaron la última parcela de poder que tenía, la presidencia de la FIA.
Cuando Mr. Ecclestone consigue todo el poder (no solo el económico), comienza una serie de reformas en la F1 encaminadas a maximizar, en lo posible, el aspecto económico, que es el único que realmente le interesa. Para ello, se vuelca con el aspecto propagandístico del evento, mimando a las televisiones (en aquel momento exclusivamente europeas), que son las que llegan con dinerito abundante y fresco. La entrada masiva de las televisiones fuerza la eliminación de ciertos aspectos no muy tolerados por la sociedad europea, como son la violencia. A partir de estos momentos, pilotos maleducados, malhablados y violentos, tipo Piquet, son llevados al ostracismo informativo y deportivo. Otro aspecto intolerable, de forma general, es la muerte habitual de aquellos años, aunque sea accidental, por lo que las medidas de seguridad comienzan a hacerse más estrictas, hasta que en estos momentos ellas son el primer limite que tiene que sobrepasar una carrera o un coche.
A pesar de todo ello, en seguida se da cuenta el astuto inglés que necesita introducir más televidentes, para hacer más suculenta su cuenta de resultados. Y aquí es donde tenemos que poner sus intentos por que aparezcan mujeres pilotos, nuevo segmento de población que puede ser sublimado, poniéndose delante de la caja tonta, o pilotos de nacionalidades más o menos raras en el automovilismo con los que conquistar nuevos países/mercados (¿Cuánto tardará un piloto chino en correr para HRT?).
La habilidad económica del inglés le hizo ver que los mitos del deporte hacían aumentar las ventas de todos los productos relacionados. Pero el problema es que el mito verdadero de la F1, Don Juan Manuel Fangio, ya estaba en el olvido y los mititos de la época no alcanzaban a llegar a la suela de sus zapatos, por lo que se puso manos a la obra.
Su primer intento lo protagonizó con el gran Senna, fue su protegido, he intento llevarlo de escudería en escudería para que acumulase campeonatos. Parte de este impulso endiosador todavía lo vivimos, publicitándose constantemente, por los puristas de aquellos años, que es el mejor piloto de la Historia (¡Quizás pudo serlo! Pero claramente no lo fue). El problema es que los pilotos de aquella época eran extremadamente competitivos, egocéntricos y con caracteres poco domables, por lo que la dirección en la sombra de la vida y milagros de Senna por parte de Berni fue muy difícil. Al final, la muerte del portento brasileño arruinó lo que quería vender Ecclestone, pero le sirvió para hacer una nueva purga en los aledaños de la F1, generándole más dinero.
En la temporada 1994 acabó este primer intento de formar un mito, pero las necesidades monetarias de Ecclestone no tenían fin y siguió maquinando como aumentarlas, entre otras opciones a través de la forja de otro mito.
A finales de 1995 se dio la conjura perfecta, un nuevo campeón alemán (mercado económicamente muy apetecible) se sentía a disgusto en un equipo mediano, Toleman, que le había hecho bicampeón. Además, el mito del glamur y de las castas adineradas, Ferrari, llevaba chorrocientos años sin ganar nada. Ni a las canicas. Y el británico vio el negocio. Ferrari había sido si no su adversario sí un elemento no amable en sus luchas por el poder y pensó en atraérselo. Para ello le proporcionó el piloto campeón, le facilitó la fagocitación de Benetton (Toleman) y de todos sus ingenieros, y favoreció con el reglamento los puntos fuertes de la renovada estructura de Ferrari. Después de unos años de engranaje fino, Ferrari-Byrne se convirtió en una maquina de ganar títulos, creando ese mito que la gente llama Schumacher.
Los nuevos aficionados entraron en la F1 al calor de estar viviendo una época “histórica” del evento, lo que supuso un aluvión de dinero encima de la mesa, con el que se contentó al equipo más dañado, McLaren, y se eliminó la posibilidad de otra F1 creada por las escuderías.
Pero el rodillo rojo-alemán también comenzó a cansar y Ecclestone fue uno de los primeros en detectarlo, buscando la solución en una pareja de chicos nuevos como Alonso y Räikkönen, y en la ampliación de las zonas del mundo donde había carreras. Incluso declaró, de forma indirecta, que Ferrari había sido beneficiada por él, y comenzó a exigir a Schumacher más compromiso con el negocio. Después de esto, ya nada volvió a ser como era, ni en Ferrari, ni para Michael.
Ecclestone fue la verdadera estrella de Schumacher, transformando un piloto de tan solo tres campeonatos (uno más por su fidelidad al equipo) en un heptacampeón.
Pero no se preocupen. Hoy día, Ecclestone no está interesado en crear un nuevo mito en Vettel o Alonso. Ahora lo que vende es la igualdad entre ellos, y por eso todas las ranuras de Newey serán tapiadas sin compasión ... hasta ...






































