Estimados todas/os/es
El ciclismo es uno de los deportes más alejados del evento que nos regala Mr. Ecclestone cada quince días. Es verdad que en ambos hay, por medio, ruedas, es verdad que en España un mal periodista de ciclismo puede acabar siéndolo de F1. Y tan bien, es verdad que la trampa esta institucionalizada y permitida según circunstancias y nacionalidades. Allí clembuterol, aquí agujero en el difusor. Pero esta temporada, el campeonato de F1, comienza a parecerse a una de esas pruebas de tres semanas que nos arrullan la siesta, en la que gana aquel que se desgasta menos y deja que sus adversarios se hundan mutuamente.
Sigapur fue una carrera aburrida como ella sola, pero como la primera etapa montañosa del Tour comenzó a dejar muchos corredores tocados y directamente eliminados.
Desde Monza, o quizás Spa, los tambores rojos, incluidos nuestros sesudos, imparciales y expertísimos periodistas, nos han ido martirizando con los minutos (si no horas) que iban a sacar de ventaja a sus rivales con las nuevas piececitas, actualizaciones o coloreado del chasis, habida cuenta que Marina Bay era ideal a los intereses rojos. Incluso algún piloto rojo comenzó a ensoñarse como poleman, sin haber subido al pódium en toda la temporada. Pero ya el viernes quedó claro que Ferrari sigue con el mismo problema de hace varios años: Los datos que obtienen en el túnel del viento son más falsos que los billetes de tres euros. Esos datos suelen ser algo más que optimistas, pero luego la parafina termina demostrando que no hay posibilidad de recalibrado. El túnel es viejo, obsoleto y no sirve para estar a la altura de los mejores. Es como si mandásemos a nuestro Contador montado en las antiguas BH de hierro contra Wiggins y su Dogma-2 ¿Futuro? Poco.
El sábado demostró que la gente de Lowe tiene un pelo de ventaja al segundo calvo más importante de la F1. Pero Newey no está muy lejos, al menos con su mejor piloto. Los polemen rojos quedaron muy lejos, alguno ni paso al último tramo de la classifica.
Del sábado destacaría la obra monumental de Maldonado, y dicho esto me pregunto dónde estaría en estos momentos Williams si en lugar de tener dos pilotos GP2 de pago puros hubiese tenido dinero, energía y empatía para fichar a Räikkönen. El coche es razonablemente bueno y la prueba son los destellos que a veces nos dejan ver sus pilotos, pero estos y el concepto de buena conducción están totalmente peleados.
La carrera del domingo comenzó con un adelantamiento de Vettel y Button a Maldonado, y allí podría haber terminado la carrera. Hamilton demostró que su coche es mejor que ningún otro, y ya han subido cuatro poles seguidas sin que nadie les acose en esas rampas. Y también demostró que Button solo puede ser campeón si el coche es buenísimo y no tiene compañero.
Pero hete aquí, que alguien, en McLaren, el sábado, detectó algún problema en la caja de cambios del británico y se la jugó (según se intuye del mensaje de radio posterior a la rotura), saliendo pájara monumental ¿Quién asumió que era mejor jugársela a Eurovegas que perder cinco posiciones? ¿No confían en Hamilton y en su coche? ¿Estarán intentando aburrir al británico para que se vaya a Ferrari? Después de la pifia, y el consiguiente cero, las opciones de Hamilton en la general se han reducido muchísimo, ha de recortar 8.7 puntos por etapa a Alonso. Esto implica que debe ganar siempre, y que alguien se interponga asiduamente entre él y el líder del campeonato, para forzarle a ser tercero. Pero dado el cumulo de fallos, que llevan este año los de McLaren-Sam, lo veo difícil. Aunque no volveré a cometer la temeridad de decir que todas sus opciones se han ido, como hice algunos GP’s atrás.
Una vez que Hamilton desapareció, Vettel tomo el relevo al frente del pelotón y lo estiró en función de sus intereses, demostrando, a todos los incrédulos, que ha madurado lo suficiente para saber luchar por una plaza, conservar unos puntos, y acelerar por una ventaja, según le convenga. Los dos safety-cars demostrarón que Button es un piloto muy fino, muy estilista, muy gentleman, muy … (póngase el adjetivo bobalicón que se quiera), pero que no es un campeón. En ningún momento inquietó al alemán. La victoria de Vettel le deja con un déficit de 29 puntos, o lo que es lo mismo, ha de recortar 4.8 puntos por carrera. Esta distancia parece factible y depende, en principio, de él solo, por lo que se arroga como el candidato perseguidor por excelencia.
Alonso, en su línea. Desde el GP de Europa se dedica a administrar con tranquilidad los minutos que les saca a cada ciclista. Perdón, los puntos que les aventaja a cada piloto. Y observa con cierta parsimonia las sucesivas pájaras en sus adversarios. Pero debería intentar atacar en alguna rampa, no le vaya a ocurrir lo que en el Giro del 2010.
Su compañero rojo corrió como nunca, pero terminó donde siempre.
Hay que decir que Räikkönen sigue resistiendo en el grupo, y no hay forma de despegarlo de la cabeza. Aunque nadie confía en él, un pequeño pinchazo de los de delante podría darle el titulo 2012, y un ataque cardiaco al comentarista español.
No quisiera dejar este Tour sin mencionar al hombre record. El número de pifias que ha cometido, desde que volvió, ha sido muy grande, pero este año quiere que pase a la historia, con olvidos de posiciones en la parrilla o visiones del coche de delante, incluidas. Es verdad que la noche le confunde, y es su mejor costumbre singapurense. Quizás, unas carreras de descanso le vendrían muy bien (o diez puestos en Suzuka).
No ha terminado esta etapa y, ya, los tambores rojos vuelven a sonar que en Suzuka tendremos las mejores piezas del mundo, y parte del extranjero ¿Querrán decir que el alternador de Vettel fallará? Porque son los fallos de los otros su única y gran ventaja.